28.3.09

El viudo

Junto a los muebles vestidos con sábanas amarillentas casi traslúcidas por el desgaste está el señor Risotto. Los arropa como para evitarles alguna alergia producida por el polvo. Mientras toca una desafinada pieza le cuenta de su aprendizaje musical autodidacta  con libritos de preludios fáciles y mucho oído admirador de varios; algunos latinoamericanos como Leo Blanco, Bebo y Chucho Valdés, De racco, Nishihara y Marianela Aparicio – su amor platónico – dice. También clásicos como Brahms, Liszt, Bethoven, Mozart, Georges Bizet, Bach, Clara Schumann, Chopin; jazzitas como Monk, Bill Evans, Duke Ellington y otros. Sus escasos pelos, todavía oscuros, le acarician el seboso cuero cabelludo que liso contrasta con la perfección de sus arrugadas líneas con puntos de fuga en su cara. Se detiene repentinamente, se levanta, va a su cuarto y regresa. Le trae una muestra de algunos cuadernos llenos de poesía inédita escrita por él desde su juventud, le recita un par de ellas y le asegura que como realmente se siente vivo es siendo maestro de niños. Es jubilado en docencia de literatura latinoamericana en una escuela de un barrio próximo, donde todavía es profesor suplente. – No hay nada como ver las luciérnagas infantiles empezando a alumbrar gracias a las letras- le comenta con esa misma iluminación pueril en sus ojos.

Antes disfrutaba recorrer países, ciudades y pueblos, pero ahora, cansado del mundo impostor, sólo disfruta salir de su casa para la escuela y viceversa.

Le pregunta su nombre, se excusa por no recordar, gajes de la edad, y la mira. Le dice que entonces tiene una tocaya, su hija, con la cual vivía hasta que se hizo azafata. Le muestra la foto de unos ojos inmensos adentro de un rostro afilado parecido al de Audrey Hepburn. -La imagino toda una actriz en las alturas de los aviones-, dice y vuelve a colocar el portarretrato sobre el piano para sentarse de nuevo y seguir tocando entre un olor a libro viejo. La escuchadora no dice nada, sólo continúa allí, en blanco y negro para él, encuadrada en una fotografía antigua, con un vestido rojo, guantes blancos y bucles rebotando en un coctel junto a su prometido, el joven Risotto. 

1 comentario:

Pupila dijo...

Este relato fue editado-modificado. Uno que otro errorcillo.