31.10.08

Ecos

-En estas matas de coco hay murciélagos-, me advierte el viejito dueño de la casa costera, mientras sigue alimentando a sus perros playeros y tres gatos de pose elegante velan la palangana de arroz mazacotudo desde el muro. Yo callo y miro hacia las palmeras. Lo imaginé, anoche los escuché agudos como silvidos, los vi. Pero estos murciélagos también son diurnos (no estoy segura si continuó el hombre o me lo dijo alguna otra voz) y habitan la superficie de tus pasos, esa que aún se oye desde la noche, esa atemorizada que ve sus ráfagas voladoras cuales manchas del espacio irreal que todo lo atraviesa. Sí, ellos son los pensamientos. Miserias volátiles, sombras agitadas que huyen de la luz y las miradas aún estando bajo el sol. Negras estrellas fugaces, pájaros malditos, repeticiones infinitas del hábito, las ideas y recuerdos. No hieren cuellos, pero sí chupan sustancias, se esconden y no puedes atajarlos. Son los cantos inasibles de la muerte y la vida. 

15.10.08

Pigmentos

Las plantas oyen 
Si uno las lisonjea 
Se hinchan de verde

Mario Benedetti



-Esta planta desarraigada en un porrón, ya no es la misma bajo sombra. De noche apesta a vapores de clorofila, se la entregaré a la luz del viento-, dije. Desde entonces huele a ósmosis, a cópula fotosintética. Ahora en cada tallo amanecen, vulvas hinchadas. 

Transparencia

Rocía, después llueve y entra la tempestad.

Diluvio escabroso que abarrota todos los sonidos con sus gotas de terror, gruesos escupitajos de Dios. Truena y se hace demasiado abrupta la presencia del mundo vigilante, la celda del pensamiento. No hay nada más absurdo que esta agua cayendo del cielo, mojándonos, silenciándonos hasta los huesos.

¡Cállate! Que desde arriba viene este portento celestial.

Pero sí, hay algo más absurdo y tiene que ver con la imposibilidad del lenguaje: escribir y creer que en las palabras está la única quimera probable, el único reino posible. Y peor aún, mostrarlo.

¿Hay algo más estúpido que vulnerar mi intimidad exhibiéndome como una letra rota ante tus ojos?

Vibraciones

Revienta el vidrio que me contiene desde su cimiento y deja a tus manos libres de mi hogar. Traspapela miedos y palabras, llena tus dedos de mi saliva y reescribe la nueva herencia: reparte todos los bienes a otros y deja sólo para mí tu voz, esa, la que aún no escucho.

11.10.08

Espejito

Sobrevolando cerca de las aguas del Estrecho de Florida, van temblando más por la turbulenta avioneta bimotor que por miedo o tetas grandes. Dos morenas y dos trigueñas bastante delgadas y con un trasero tropical, dispuestas a llegar a aquella isla inhóspita y secretamente desdibujada en el mapa del Atlántico, donde cuatro guardianes las recibirán junto con el dinero al entregar la carga respectiva de cocaína proveniente de Colombia con destino a Cuba, República Dominicana y Miami. Ya están muy cerca, una de ellas vuelve a mencionarlo, salieron apuradas y necesita verse para pintarse al menos las cejas que no tiene y los labios pálidos. Las demás también y comienzan con una seria búsqueda en sus respectivos bolsos, por aquí debe estar, por acá, abre el cierre, algo que brille, ninguna lo encuentra. -Listas para el aterrizaje- avisa algún tripulante, llegaron. No lo trajeron.  

5.10.08

Poros

Continúa escribiéndole con tinta azul unos versos de Ludovico Silva en el brazo, en la espalda unos de Oscar Wilde, junto al ombligo unos de Bandeira, alrededor de un pezón uno de Cavafis, alrededor del otro una frase de Miller y en el vientre plano una del Marqués de Sade. Cuando ve que el único espacio libre es el del muslo derecho cerca de la ingle, la complace con un párrafo completo de Anais Nin, la favorita de Emily. Al terminar de apuntar “el esperma era un veneno, un amor que era veneno”, recuesta su cabeza en el escritorio sobre el papel rayado y se queda dormido con el bolígrafo en su mano. En ese mismo instante, Emily, situada en otra ciudad, está dispuesta a bañarse. Se desnuda, entra a la ducha, abre llaves y tantea temperaturas, frío, tibio, caliente, se sumerge y con ayuda del jabón, su piel poco a poco comienza a escurrir agua oscura en todo el piso teñido de azul. 

12 en punto

A media noche
elegante y solitaria
La cenicienta 
se retira del baile
y sale de meretriz.

3.10.08

Columpio

Casi anónima sonríes
Y el sol dora tu cabello.
¿Por qué, para ser feliz,
Es preciso no saberlo?

Fernando Pessoa




Reina de sus propias oscilaciones, es admirada por el niño. La inocencia desconoce los principios físicos implicados en el juego de péndulo doble, falda voladora, vaivén de piernas y cabellos de fuego. Hay que apagarlo, dice él. Corre hacia el baño de varones para orinar.