Los grillos de la madrugada, dibujando una acústica en la inmensidad inerte, absorben algo de las almas que dormitan. Es por esto que la vigilia tiene alcances indecibles, igual que las palabras. Y por eso, a veces sin poder evitarlo, me seducen, me dominan o enamoran. A través de sus fisuras se escapa lo único real de la existencia, aquello ilógico que no es percibido por la convención de nuestros fáciles sentidos. Una fe atada. Una quisquillosa e irracional fe en las palabras y sus acoplamientos: los ruidos de otros seres, animales lejanos, mitológicos y largos de nueve cabezas, bípedos, cuadrúpedos, marinos, rastreros o celestes, son los que, dirigidos por el Gran aliento sobrenatural, aceptan restablecer el pacto para mí. Incluso, la noche es clara. Alguna vez, a la edad de siete años, morí. Así he muerto y renacido otras veces, pero ninguna otra fuerza más vital, delicada y bella que ésta. Con fruición y de pie, sigo prendada a la trama más sublime. No sé nombrarla.
jueves, julio 2
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3 comentarios:
"La noche es clara", coincido plenamente, más clara de lo que muchos imaginan al punto de que a veces nos permiten reconocer y descubrir esos ecos imposibles de sentir con la luz del día!
Besos
Buen finde!
Cierto, más clara de lo que muchos imaginan. Reconocer y descubrir. Tienes mucha razón Pau.
Buen día!
Pero sobre todo, buena noche, Pau!.
Besos.
(Pupila)
Sea cual sea tu decisión, no dejes de escribir nunca. Lo haces muy muy bien.
Te abrazo,
Beatriz
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