Luego de estirar el brazo y alcanzar el despertador para apagarlo, escucha que llueve. Es raro en pleno verano. Recuerda lo que se comenta del descontrol atmosférico por tanta contaminación y su mirada se queda fija en las gotas que chorrean los retazos del vitral redondo, donde también cuelga prodigiosa, una telaraña tornasol. Percibe un efecto prisma similar a un caleidoscopio, aunque no lo conoce, y se extraña con gusto. Si hubiera disfrutado un aparato de esos alguna vez, quizá no sentiría asombro. O talvez uno mayor. Hasta donde Carmen Simón recuerda (mala memoria, seguramente), nunca ha sido de los que se acuestan a observar el cielo buscándole formas a las nubes; es cosa inútil de melancólicos ociosos, ella no tiene tiempo para nada de eso. Pero aproximadamente tres meses atrás, luego del último trago en una taza blanca, se percató de que la borra de ese espeso café colombiano recientemente comprado (y que sabe muy bien) deja una llamativa mancha dibujada, a partir de la cual realiza conjeturas sobre el porvenir de su día. Es así como ha dejado de leer el horóscopo en el periódico y ha preferido el azar de su intuición visual, que se ha cumplido la mayoría de veces. Predisposición, quizá. Prefiere mantener el secreto porque a veces, sus premoniciones son sumamente aterradoras y afectan a otras personas, lo que le genera un remordimiento tal, que ha ido aprendiendo a disfrutar más el flagelo propio. Su entusiasmo nace cuando sabe que algo desagradable le ocurrirá a ella. Varias noches ha cavilado que lo malo que le ocurra no puede ser peor a que no le sobrevenga absolutamente nada. Ese día, luego de hervir agua, colar el café y tomarlo, la borra le advierte algo terrible. La imagen de una muerta justo frente a su empresa, atropellada en la calle por un autobús. Con la ansiedad de estar segura que esa persona es ella misma corre a ducharse con agua fría, en la necesidad de volver a la realidad sin aquel pensamiento; se viste bien abrigada, se amarra rápidamente sus botas de invierno y al escampar un poco procura salir cuanto antes de su casa. Jalada de su crin húmeda, cuidadosa como nunca del tráfico atraviesa las calles una por una, como animal sigiloso, o loco, aunque un poco intimidada por su aprensión. Ya enfrente de la compañía, todavía al otro lado de la acera distingue que se acerca un único autobús como a veinte metros de distancia. Tiene dos opciones para eludir su presagio: o cruza la calle y entra guarecida primero que la muerte o se queda allí, sin moverse, para contemplarla. En unos instantes de indecisión opta por la segunda alternativa. Así el engendro se acerca cada vez más con su rugido oxidado y pasa lánguido pero veloz ante sus ojos. Ella se queda mirando la penúltima ventanilla del mismo, donde va una niña de suéter azul que también la mira a los ojos hasta que su cuello no le permite voltear más hacia atrás. A salvo ya, entre una estela de monóxido pasa la vía y tosiendo entra al edificio.
28.3.09
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11 comentarios:
Me encantó.
Sucede con las premoniciones algo bastante contradictorio. Nunca se sabe de qué se tratan.
PD: Me emocioné con lo del café colombiano.
Cierto Esteban Dublín. A veces, son sólo películas imaginarias, aunque no estemos seguros del todo si son construcciones propias o extrañas a nosotros.
P.D: qué bueno. El café es una de las cosas por las cuales se enorgullece tu tierra ¿no? ;-)
El venezolano también es delicioso. Bueno, algunos que no llevan harina P.A.N. para rendirlos :-)
Pupila, gracias por tu lectura.
Tu texto me reafirma la necesidad de NO leer nunca el horoscopo ni dejarme llevar por premoniciones. Carmen resolvió bien su asunto, sin embargo esa tos denota mucho miendo.
Quizá sea muy buena reafirmación J.L.
Yo, al contrario de Carmen Simón, nunca he sido supersticiosa con el horóscopo y SÍ soy de los que ven las nubes pero igual la comprendo porque ¿quién, que realmente esté vivo, tenga sensibilidad y lucidez, NO tiene miedo?
Y de nada J.L, no deberías agradecerme la lectura. Estás entre mis links y de vez en cuando me doy una vuelta por allá.
Salud.
Hay una frase que rueda mucho por ahí que dice algo así: "sólo los niños y los locos saben sobre verdad, por eso a los primeros se les educa y a los segundos se les encierra".
Ahora que veo esta frase en el contexto, pienso que por eso los niños y los locos siempre tienen miedo.
También me recuerda un ensayo de Foucault donde asocia la locura con una forma superior de lucidez. "Del hombre al hombre verdadero, el camino pasa por el hombre loco".
Los niños y los locos casi siempre tienen miedo.
Hola Pupila.
Voy a enlazar el blog. Me gustó mucho el relato, me hizo acordar a la historia del hombre que sabía que iba a morir un viernes, de Dolina.
Nos vemos!
Holala
Me gustaría leer o escuchar esa historia. ¿Tienes el link?
También enlazo tu blog de relatos.
Nos vemos entonces :-)
Es cortito:
HISTORIA DEL HOMBRE QUE SABÍA QUE IBA A MORIR UN VIERNES - Alejandro Dolina, Crónicas del Angel Gris
Los poderes del Ángel Gris son muy limitados. Apenas si es capaz de humildes milagros de cuarta categoría. Por eso, cuando trata de favorecer a alguien, lo más probable es que lo reseque para todo el viaje. Una tarde, el Ángel comunicó al farmacéutico Luciano B. Herrera que su muerte se produciría un día viernes.
Al principio, el sujeto aprovechó el dato con cierta astucia: arriesgaba la vida sin temores en sus días de inmortalidad, mientras que los viernes se encerraba bajo siete llaves.
Muy pronto el miedo comenzó a trastornarlo. Los domingos y lunes mantenía una relativa calma. Los martes y miércoles lloraba en silencio. Los jueves visitaba a sus amigos y parientes para despedirse de ellos. Los viernes enloquecía y suplicaba clemencia a gritos. Los sábados se emborrachaba para festejar su buena suerte.
Las cosas fueron empeorando. Herrera tuvo que cerrar la farmacia, cayó en la miseria y adquirió una merecida reputación de chiflado.
Se suicidó un martes, ante el beneplácito de quienes sostienen la doctrina del libre albedrío.
Los Refutadores de Leyendas pretenden demostrar la inexistencia del Ángel Gris con esta historia, que apenas alcanza para demostrar su ineficacia.
:D está bueno. Gracias Nanolefou. Aunque ese terminó con la muerte física. El relato de Carmen Simón creo que trata sobre otros tipos de muerte. Cuando pueda buscaré más de Dolina, no conozco su trabajo escrito y muy poco el radiofónico.
Besos.
Bueno, tu relato no termina con la muerte física bajo un colectivo, pero si lo prolongaras, tal cosa ocurriría inevitablemente. Sea como sea, siempre nos termina atropellando un colectivo, físico o metafísico...es imposible esquivar el omnibus que nos revienta y después nos lleva, Caronte mediante, al Hades.
(Que pavada)
Saludos!
Perfecta analogía Nanolefou, Caronte al Hades. Y sí que es inevitable, de eso se trata la vida. Nunca se sabe si es sólo un pasaje o un destino. Quizá hasta descubrir cuáles son las ofrendas para volver a un jardín, si algo así es posible. (¡Pero no al mismo de antes, a otro!)
Besos.
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