11.10.08

Espejito

Sobrevolando cerca de las aguas del Estrecho de Florida, van temblando más por la turbulenta avioneta bimotor que por miedo o tetas grandes. Dos morenas y dos trigueñas bastante delgadas y con un trasero tropical, dispuestas a llegar a aquella isla inhóspita y secretamente desdibujada en el mapa del Atlántico, donde cuatro guardianes las recibirán junto con el dinero al entregar la carga respectiva de cocaína proveniente de Colombia con destino a Cuba, República Dominicana y Miami. Ya están muy cerca, una de ellas vuelve a mencionarlo, salieron apuradas y necesita verse para pintarse al menos las cejas que no tiene y los labios pálidos. Las demás también y comienzan con una seria búsqueda en sus respectivos bolsos, por aquí debe estar, por acá, abre el cierre, algo que brille, ninguna lo encuentra. -Listas para el aterrizaje- avisa algún tripulante, llegaron. No lo trajeron.  

5 comentarios:

EgleeTeresa dijo...

Uaohhh! estaba nerviosa por ellas por la gravedad y la incertidumbre de la situación en que están. Resulta que todo eso se muestra irrelevante cuando empiezan la ofuscada búsqueda del espejito y la imperiosa necesidad de verse en algo brilloso.

Pupila dijo...

Un comentario perfecto para este relato ;-)

José M. Ramírez dijo...

Las metáforas, cuando se les intuye, nos ponen a temblar; hasta que aceptamos que con las metáforas no hay posibilidad de equivocarse. Por eso, esta metáfora del pudor (en el profundo sentido griego) me interpela.

Gracias por pasar por tempusloquendi y haberte fijado en ese post que fue fruto de una inmensa rabia, contenido a mordiscos, ante un sistema literario estúpido que ni siquiera se conoce a sí mismo, o acaso no se quiere conocer y por eso chapotea en el lodo de la hipocresía.

Gracias también por sumarte al juego de la foto que si va con el fondo (que entre tu y yo si existe).

Pupila dijo...

Enhorabuena entonces por jugar e intentar no chapotear. Conocerse es un intento lento porque es un lodo mucho más profundo que el del sistema literario. Y la pelea quizás consiste en embarrarse poco a poco más hacia el fondo.

Esteban Dublín dijo...

Hola, Pupila, llego a tu blog encantado con esta historia de vanidad. Un gusto encontrar tus micros y los míos te esperan por allá.

¡Y me pillaste, Pupila, me pillaste! 25 es una edad en la que eres muy joven para escribir y muy viejo para ser un niño. ¡Es terrible!