15.10.08

Transparencia

Rocía, después llueve y entra la tempestad.

Diluvio escabroso que abarrota todos los sonidos con sus gotas de terror, gruesos escupitajos de Dios. Truena y se hace demasiado abrupta la presencia del mundo vigilante, la celda del pensamiento. No hay nada más absurdo que esta agua cayendo del cielo, mojándonos, silenciándonos hasta los huesos.

¡Cállate! Que desde arriba viene este portento celestial.

Pero sí, hay algo más absurdo y tiene que ver con la imposibilidad del lenguaje: escribir y creer que en las palabras está la única quimera probable, el único reino posible. Y peor aún, mostrarlo.

¿Hay algo más estúpido que vulnerar mi intimidad exhibiéndome como una letra rota ante tus ojos?

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